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Showing posts from May, 2021

El Sócrates

Todos los viernes nos juntábamos: Juan, Eric, Tito, Seba, yo, y El Sócrates. Su verdadero nombre era Max, pero todos le decían El Sócrates, así, con pronombre. Era filósofo, fanático del clasicismo (el de la filosofía clásica, nada que ver con el clasismo), y en general una persona más que interesante. Mientras algunos éramos más prácticos y otros más idealistas, El Sócrates siempre fue más dialéctico, y le gustaba analizar toda idea que se debatía, y también el debate en sí mismo. Una noche, con varias cervezas ya encima, la charla giraba alrededor de si los actores porno son o no actores. Algunos decíamos que de una forma u otra están actuando, otros decían que no es comparable con el trabajo de un actor, y El Sócrates quería que nos replanteáramos la naturaleza de la actuación. De repente se apagaron todas las luces y la heladera dejó de hacer ruido. Al parecer era un corte de luz sólo en la casa, las luces de afuera seguían funcionando, así que decidimos seguir con la charla casi a...

El mensaje

No sé qué me llevó a hacerlo. Parecía una locura... No, definitivamente era una locura, pero algo adentro mío me decía que tenía que intentarlo de todas formas, sea cual fuere el resultado. Con las manos un poquito temblorosas y la duda carcomiéndome la cabeza, finalmente me animé. Busqué su contacto. No estaba muy seguro de poder encontrarlo. Había pasado tanto tiempo desde aquella pelea. Las cosas no quedaron muy bien que digamos, y no sabía qué tan bien le podría caer si le escribía. Tal vez ya no quería saber nada conmigo. Tal vez ya se había olvidado de mí por completo. Por un momento deseé que ya me hubiera superado, que hubiera podido ser feliz sin mí. Por un momento casi me creo ese deseo. Le escribí. Listo, mi parte ya estaba hecha. Ahora sólo quedaba esperar a ver cómo salía. En el peor de los casos acababa de reabrir la herida de un corazón roto. Tal vez no fuera tan malo, podría ser simplemente una charla amigable y nada más. Pero en el fondo me atreví a soñar que podía sal...

Planta

Mi historia comienza cuando compré mi primera planta. Bueno, comienza un poco antes, pero lo que pasó antes es justamente lo que estoy tratando de olvidar. Para eso fui a comprar la planta. Debo admitir que nunca entendí por qué la gente tiene plantas. Son lindas de ver, pero no hacen nada: No se mueven, no interactúan, no hacen nada divertido, sólo hay que echarles un poco de agua cada tanto y listo, como una piedra que hay que mojarla. Tampoco hay apego emocional, si se muere la planta te comprás otra igual y nunca vas a notar la diferencia. Quizá por eso mi terapeuta me indicó que me comprara una planta. La verdad que si el vivero me quedaba lejos no hubiese ido, pero por suerte tengo uno acá a tres cuadras. Todavía sigo sin entender cómo subsisten los viveros. Entiendo que las plantas se fabrican gratis a partir de otras plantas, así que los costos deben ser bastante bajos, pero no me parece que la gente compre tantas plantas como para que tengan muchos ingresos. Por suerte para mí...

Lo más terrible de todo

Lo más terrible de todo era el encierro. Preso político de un presidente electo que no tuvo problema de encerrarlo por decreto, sin causa ni juicio ni crimen más que el delito inventado de atreverse a existir en libertad. La comida no escaseaba, y el lugar tampoco era de mal gusto. Incluso se podía trabajar y hacer las actividades diarias, siempre dentro de los confines de la celda. Una prisión cimentada en la excusa del bien común, una jaula para un animal salvaje urbano que antes sólo conocía la libertad. Lo más terrible de todo era la incertidumbre. Un encarcelamiento temporal, breve, finito, con la reiterada promesa de una quincena más, tan solo una más. No tener en claro las reglas, y sus excepciones, y las excepciones a las excepciones. No tener ninguna certeza, ni del hasta cuándo, ni de por qué, ni siquiera del cómo. Lo único claro, lo único cierto, era el encierro. Lo más terrible de todo era el exceso de información. Todo el día el televisor prendido en el canal de noticias, ...

Finanzas

Las gotas caían por los vidrios de las ventanas, apenas iluminadas por las luces de la calle. El viento aullaba y azotaba la fachada con baldazos de agua en medio de la tormenta. Un relámpago eclipsó brevemente la vela encendida en el escritorio, y la figura recostada al lado de ella proyectó su sombra en la oficina, justo debajo del cartel en el vidrio de la puerta. Cristian Villagra CONTADOR El rugido del trueno que siguió lo despertó de un sobresalto. Miró para todos lados sin entender dónde estaba, hasta que vio los papeles al frente suyo y recordó. Era raro que se quedara dormido viendo números, con lo mucho que le gustaban los números, pero estaba tan cansado ya que por un momento sonaba muy tentador olvidarse de todo. Alumbrando el pasillo con una linterna, fue hasta la cocina a buscar un vaso de agua. Las sombras de los helechos bailaban en las paredes cubiertas de cuadros abstractos, de vez en cuando interrumpidas por la luz de un relámpago. La tormenta era algo que no había p...

Música

Un piano empezó a sonar, y parecía que venía de mi living. Me levanté de la cama, prendí la linterna del celular y fui a investigar. Era una melodía armoniosa con un dejo de amargura y tristeza, que en principio sonaba bella pero cada vez me desagradaba más y más. Apenas abrí la puerta del living la música se detuvo. No había nadie en el living y el piano estaba en su lugar, cubierto por la sábana que uso para que no se llene de polvo. Lo extraño es que yo había dejado la puerta del living abierta antes de acostarme. No era la primera vez que escuchaba esa música. No ocurría todas las noches, pero de vez en cuando me despertaba. Nunca sonaba más de una vez por noche, después de que me levantaba y llegaba al living se detenía y no volvía a sonar. Siempre la misma melodía, y siempre se detenía cuando llegaba al living. Al principio dormía con la puerta del living cerrada para que no entrara frío por la chimenea. Luego empecé a dejarla abierta en un intento de descubrir qué era esa música...