Lo más terrible de todo

Lo más terrible de todo era el encierro. Preso político de un presidente electo que no tuvo problema de encerrarlo por decreto, sin causa ni juicio ni crimen más que el delito inventado de atreverse a existir en libertad. La comida no escaseaba, y el lugar tampoco era de mal gusto. Incluso se podía trabajar y hacer las actividades diarias, siempre dentro de los confines de la celda. Una prisión cimentada en la excusa del bien común, una jaula para un animal salvaje urbano que antes sólo conocía la libertad.

Lo más terrible de todo era la incertidumbre. Un encarcelamiento temporal, breve, finito, con la reiterada promesa de una quincena más, tan solo una más. No tener en claro las reglas, y sus excepciones, y las excepciones a las excepciones. No tener ninguna certeza, ni del hasta cuándo, ni de por qué, ni siquiera del cómo. Lo único claro, lo único cierto, era el encierro.

Lo más terrible de todo era el exceso de información. Todo el día el televisor prendido en el canal de noticias, expertos analizando todos los datos, todos los ángulos, todo el tiempo. La información de cualquier lugar del mundo disponible a tan solo un par de clicks. Mejor no enterarse, ignorarlo todo, no escuchar, no leer, no mirar. Mejor no saber.

Lo más terrible de todo era pensar quién más estaría en la misma situación. En cierto aspecto ese sentido de pertenencia, de sufrimiento compartido, resultaba reconfortante. En cierto modo, para quien se detuviera a considerarlo, resultaba repugnante. Un esclavo que ya no ansía su propia libertad, sino la esclavitud de los demás. Un ser desagradable dispuesto a aceptar sus males si otro también los sufre. Una criatura vil, que se regocija en el sufrimiento de otros y sonríe con maldad ante los castigos infligidos al prójimo. Un demonio que sufre con placer si ve a otro sufrir más.

Lo más terrible de todo era la vuelta a la normalidad. Vínculos relegados al olvido por la falta de atención o desgastados por exceso de interacciones forzadas en marcos innaturales. Una civilización vendida como sana pero con heridas que se ocultan a flor de piel. Un mundo que nadie en su sano juicio aceptaría como normal, si tan solo quedara alguien en su sano juicio para cuestionárselo.

Lo más terrible de todo es que fue real.

Y que puede volver a pasar.

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