Finanzas

Las gotas caían por los vidrios de las ventanas, apenas iluminadas por las luces de la calle. El viento aullaba y azotaba la fachada con baldazos de agua en medio de la tormenta. Un relámpago eclipsó brevemente la vela encendida en el escritorio, y la figura recostada al lado de ella proyectó su sombra en la oficina, justo debajo del cartel en el vidrio de la puerta.

Cristian Villagra
CONTADOR

El rugido del trueno que siguió lo despertó de un sobresalto. Miró para todos lados sin entender dónde estaba, hasta que vio los papeles al frente suyo y recordó. Era raro que se quedara dormido viendo números, con lo mucho que le gustaban los números, pero estaba tan cansado ya que por un momento sonaba muy tentador olvidarse de todo.

Alumbrando el pasillo con una linterna, fue hasta la cocina a buscar un vaso de agua. Las sombras de los helechos bailaban en las paredes cubiertas de cuadros abstractos, de vez en cuando interrumpidas por la luz de un relámpago. La tormenta era algo que no había previsto, pero se ajustaba bastante bien al plan. A fin de cuentas era un detalle irrelevante, pero le daba un cierto toque a un asunto de por sí bastante íntimo. Eventualmente todos se iban a enterar, pero para ese entonces ya iba a ser problema de alguien más.

Con el vaso de agua en una mano y la linterna en la otra, volvió por el pasillo hasta su oficina. Todavía quedaban algunos balances que ajustar, algunas cuentas que revisar, algunos centavos que quitar de acá y poner allá. Quería ser cuidadoso, pero la vela se estaba acabando y se acercaba la medianoche.

Por fin todas las cuentas estaban en su lugar. La soga, por su parte, lo estaba desde hace rato. La tormenta pareció contener la respiración mientras Cristian, en puntas de pie, le daba una patada a la silla. Las manos al cuello fueron más un reflejo que un acto voluntario, la vela ya se había consumido por completo y todas las finanzas estaban en orden.

Un relámpago quebró la quietud del momento e iluminó la escena. En un último instante Cristian vio desde la otra punta de la oficina los papeles sobre el escritorio, y se puso a revisarlos cuidadosamente. Los pasivos cerraban todos bien, así como las cuentas de patrimonio. Los activos venían bien también, con la cuenta Banco balanceada contra Intereses devengados. De repente se dio cuenta de un detalle: ¡faltaban 55 centavos en la cuenta Caja!

El rugido del trueno que siguió lo despertó de un sobresalto. Miró para todos lados sin entender dónde estaba, hasta que vio los papeles al frente suyo y la caja con 55 centavos adentro y recordó. Era raro que se quedara dormido viendo números, con lo mucho que le gustaban los números, pero estaba tan cansado ya que por un momento sonaba muy tentador olvidarse de todo.

Comments