Correr
Suena un disparo.
Empezamos a correr.
Siento los muslos esforzándose para empujarme.
Siento las rodillas esforzándose para no doblarse, no dañarse. Para no doblarme y no dañarme. Para mantenerme recto, erguido.
Siento el tobillo darle torsión al pie, permitirle apoyarse, traducir el empuje del muslo en rozamiento con el suelo, en tracción hacia adelante.
Veo a quien corre a mi lado. Lo veo por el rabillo del ojo, por la visión periférica. Me siento tentado a girar la cabeza, a mirarlo fijamente.
Sigo corriendo.
Veo otra persona, del otro lado. No la veo por el rabillo del ojo, por la visión periférica. La veo adelante. Corre adelante mío.
Siento mi respiración, el diafragma que baja para agrandar los pulmones y permitir que entre oxígeno. Siento como choca desde adentro con mis abdominales, que hacen fuerza para mantener mi cuerpo firme.
Siento el aire que entra cargado de oxígeno. Siento el oxígeno recorrer mi sangre, llegar a cada célula. Siento la respiración celular, el proceso de extracción de energía más ínfimo en mi cuerpo, y el más importante.
Siento que mis células se activan, mis músculos se activan, y me empujan.
Siento como yo los uso para empujarme.
Siento cada célula devolviendo a la sangre lo que no le sirve. Siento mi corazón, bombeando esa sangre. Sosteniendo el sistema que me empuja hacia adelante.
Siento mis pulmones devolver al aire todo lo que no me sirve. Siento mi diafragma subir, expulsar todo, y empezar a bajar de nuevo para repetir el ciclo.
Siento el suelo debajo de mis pies. Siento las zapatillas, siento el suelo debajo de las zapatillas, y siento el conjunto pie-zapatilla-suelo.
Siento mi pisada, apenas desviada. La corrijo.
Siento el suelo moverse hacia atrás. Miro hacia abajo, y veo el suelo moverse. Cierro los ojos, y me siento yo moviéndome, avanzando.
Miro alrededor, por el rabillo del ojo, sin girar la cabeza. De un lado, el que corría delante mío. Lo estoy alcanzando. Del otro lado, veo a la gente mirándonos.
Siento la mirada de la gente. Siento la tentación de devolverles la mirada.
Siento mi cuerpo, corriendo, desconectado de mi mente.
Vuelvo a conectar mi mente con mi cuerpo.
Vuelvo a correr con todo mi ser.
Tres personas corren delante mío, pero no las veo.
Se asoma el sol de atrás de una nube, y me ve. Yo no lo veo. No lo siento.
Mis pies se mueven, pero no los siento.
No siento el suelo, ni mis zapatillas. No siento mi respiración, ni mis células, ni mis muslos ni mis rodillas.
No siento mis pensamientos. No pienso.
Siento mi todo, todo mi ser. Me siento corriendo. Y corro.
Corro.
Corro.
No sé si existe algo más que correr. No sé lo que es saber. O tal vez lo sé, pero no lo sé. Sólo sé lo que es correr.
Corro con todo mi ser. No como un ser que corre, ni como un ser que sabe correr. Corro como un ser que sólo es correr. Corro y soy, y porque soy, corro.
Corro.
Corro.
Mi pecho toca una cinta.
Dejo de correr.
Se terminó la carrera.
Dejo de ser.
Hasta que vuelva a correr.
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