Abracadabra
"¡Abra la cabra, papa que ladra!" Gritó Damián.
"¡No, Damián! ¡Así no! A ver, repasemos de nuevo. ¿Primer paso?".
Damián respiró profundo, y respondió despacio: "Imaginar lo que quiero que pase".
"Bien" dijo Lucía. "¿Segundo paso?"
"Visualizarlo claramente. Despejar la mente, olvidarse de todo lo demás. Quitar todos los otros pensamientos de la cabeza."
"Perfecto, Dami. Tercer paso: entonar fuerte y claro…"
Damián hizo un silencio. Lucía se quedó mirándolo fijamente, esperando.
"Dami, tercer paso. Entonar fuerte y claro…"
"No me sale, Lucha. No sé qué pasa, no me sale."
"Tranquilo Dami, ya va a salir. ¿Querés que lo digamos juntos?"
Damián lo pensó un poquito, abrió la boca, la cerró de nuevo, y asintió con la cabeza.
"Vamos Dami, a la cuenta de tres. Uno, dos, tres."
"¡Abracadabra, pata de cabra!" gritó fuerte Lucía.
"¡Ala macabra, panza de garza!" gritó Damián.
Damián se encogió de hombros, derrotado. Llevaban horas intentándolo, y no había logrado decir las palabras bien ni una sola vez.
Lucía suspiró, no de impaciencia, sino para cambiar sus energías. Enseguida se dio cuenta que Damián podía malinterpretar el suspiro, y se apuró a decir "No pasa nada, Dami. Mañana seguimos practicando, ¿querés?"
"Sos la mejor maestra de magia, Lucha. Bah, la mejor maestra de todo."
"Bueno bueno che, tampoco me tires tantos cumplidos, que me la voy a empezar a creer."
"En serio, Lucha. Gracias. Y perdón por no ser buen alumno."
"¡Ey!" Lucha miró a Damián fijamente a los ojos. Como vio que no le devolvía la mirada, lo agarró de los hombros y lo sacudió un poquito. "Dami, mirame."
Damián la miró. No dijo nada, pero la miró a los ojos, y sostuvo la mirada.
"Dami, sos buen alumno. Sos el mejor alumno que tengo."
"Soy el único alumno que tenés."
"Bueno, sí. Pero sos buen alumno, Dami. Sos disléxico, nada más."
"Quisiera no ser disléxico."
"Es parte de lo que sos, Dami."
Damián suspiró. Tomó aire, suspiró de nuevo. Volvió a tomar aire, y gritó fuerte "¡Quisiera dejar de ser disléxico! ¡Abracadabrapatadecabra!"
Lucía tomó aire y suspiró. Le encantaba la magia, y le encantaba enseñar. Lástima que nunca había tenido un alumno.
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