Causas de Muerte
12 de noviembre de 2004.
"No me voy a morir."
"Mariana, perdón pero"
"No, Julián. No me voy a morir."
"Es cáncer de páncreas, Mariana. El doctor ya dijo que estás más allá de la quimio. Ya está."
"No me estás entendiendo, Julián. No me voy a morir."
"¡Mariana, vos sos la que no entendés! No hay nada que podamos hacer ya."
"Bueno, no hagas nada entonces. Pero yo no me voy a morir."
—
Sí, ya sé. Fue muy choto cómo se lo dije. Me lo dijo después, y cada tanto me lo recuerda. Pero me costó un montón aceptar la muerte de Mariana, y más me costó que ella no la aceptara.
El problema cuando tenés una melliza es que estás tan acostumbrado a estar de acuerdo, a pensar parecido, a entenderla, que cuando no están de acuerdo en algo no sabés cómo reaccionar. Yo reaccioné así. Ella… Bueno, ella reaccionó distinto.
—
19 de noviembre de 2004.
"Mariana, ¿me querés explicar qué hacemos de noche en este barrio?"
"Buscando una solución, Julián. ¿No es obvio?"
"No, la verdad que no. ¿Una solución a qué?"
"A mi muerte."
"Mariana, ¿qué te pensás que vas a encontrar acá que te salve del cáncer? ¿Hay una curandera o algo? Si vos no creés en esas cosas."
"No, Julián, obvio que no estamos buscando una curandera. Mirá si le voy a confiar mi vida a una vieja chota. Esa gente que no tiene ganas de laburar y anda estafando con esas huevadas de los astros y el Reiki y no sé qué. ¿Tan boluda me viste?"
"Qué sé yo, Mariana. Mirá dónde estamos. ¿Qué hacemos acá entonces?"
"Quiero comprar una pistola, Juli."
"¿Eh? ¿Para qué querés una pistola? Pará, no me digas que te querés suicidar."
"No, Julián. ¿Sos pelotudo? ¿Cómo me voy a suicidar? Si me suicido me muero. Te dije, no me voy a morir yo."
"Bueno, che. ¿Y entonces?"
"Una idea. Vamos a ver cómo sale."
—
Mariana siempre fue así. Se le ocurría una idea, y la tenía que poner a prueba. Una vez se había convencido que la rama finita del limonero del patio la iba a aguantar. Terminó enyesada tres semanas, y 2 meses en rehabilitación. Encima ya había cumplido 15, bastante grande ya como para no pensar bien las cosas.
Bah, no es un tema de pensar bien. Siempre fue de pensar, y pensar mucho. Los planes que se le ocurrían eran descabellados, pero también extremadamente detallados. Admito que muchos funcionaron. Así fue que ganamos la carrera de kartings con uno casero de 6 ruedas, porque ella dijo que tenía mejor agarre, y tenía razón. Así también armó un negocio de venta online de agendas dibujadas a mano, sin siquiera saber dibujar (obviamente no las dibujaba ella).
El tema es que siempre fue muy terca. La mayoría de sus planes funcionaron, pero no todos. Más de uno era obvio que no iba a funcionar. Pero ella siempre tenía que ponerlos a prueba.
—
4 de diciembre de 2004.
"¡Ah, me acuerdo de ese aro! ¿Hula Hula se llamaban? Cuando éramos chicos te la pasabas revoleándolo con la cintura. Si estás nostálgica, te puedo preparar un chocolate caliente, como nos solía preparar mamá."
"Gracias Juli, pero ya estoy con un tecito. Aparte no estoy nostálgica. Te hice un té para vos también."
"Uh, gracias. ¿Y estos paquetes de azúcar? Es mucho para dos tazas de té."
"Es sal, Julián. Y es para el aro, no para el té."
"¿Qué estás delirando Mariana?"
"Si me alcanzás el taladro y el embudo capaz te cuento. Ah, y traeme de paso los tacos fisher y los ganchitos con rosca de tornillo."
—
Igual lo que más admiro de Mariana no son sus planes, sino su ejecución. Delira 20 cosas imposibles, insiste en que cada una es esencial para que el plan funcione, y las logra hacer a todas. Si tiene que construir algo, lo construye. Si tiene que inventar algo, lo inventa. No se queda en la idea, y no se queda dando órdenes. Siempre la ves haciendo algo, y siempre eso que está haciendo es parte de algún plan que tiene.
—
18 de diciembre de 2004.
"Mariana, ¿me querés explicar qué hace esta garrafa de gas en medio del living?"
"Yo la puse ahí."
"Sí, ya sé que la pusiste vos. Te estoy preguntando para qué la pusiste ahí"
"Para hacer fuego."
"¿En medio del living, Mariana? ¡Vas a prender fuego toda la casa!"
"No, toda la casa no. Una partecita nada más."
"Mariana, ¿estás loca? ¿Cómo que vas a prender fuego una parte de la casa?"
"Ya te dije, Juli. Yo no me voy a morir."
"Basta. Ya mismo llamo a la policía y te interno en un psiquiátrico. Te volviste loca, Mariana."
"¿Me vas a internar para que me muera sola, drogada y atada a una cama? ¿Eso querés para mí?"
"No, obvio que no quiero eso. Pero te volviste loca."
"Mirá Julián, hacé lo que quieras. Pero si no me vas a ayudar, al menos no estorbes."
—
Mariana está loca. Loca en el buen sentido, onda loca linda, con una locura que da gusto ver. Pero está loca, de eso no me cabe duda. A veces está bueno dejarse arrastrar por su locura, permitirse descubrir cosas que tu propia mente ni siquiera concibió, porque no estás loco como ella. Pero a veces esa locura que tiene te puede llevar bastante fuera de tu zona de confort. No porque ella lo haga a propósito, sé que ella nunca lo hace intencionalmente. Pero a veces pasan cosas, o hace cosas, que no están tan buenas. A veces no es tan linda su locura.
—
26 de diciembre de 2004.
"Tené cuidado Mari, no te vayas a caer de la escalera."
"¿Qué va a pasar si me caigo? ¿Me puedo matar de un golpe? Pensá un poco, Julián."
"Bueno, perdón. Te estoy queriendo cuidar nada más."
"Tenés razón. Perdón, Juli. Es que no me vengo sintiendo muy bien, y eso me pone un poco nerviosa. Creo que no me queda mucho tiempo Juli."
"Bueno Mari. Sabés que la vida es así, y al final pasa lo que tiene que pasar."
"Sí, tenés razón. Pero lo que va a pasar es que no me voy a morir."
"¿Seguís con eso Mariana? Mirá cómo está el living, con todo esto que armaste. ¿No te parece mucho?"
"No, Julián, la verdad que no me parece mucho para no morirme. Igual ya está, ya lo tengo terminado. Ahora nada más me tengo que sentar a esperar."
"¿A esperar morirte?"
"No, Julián. Ya te dije que no me voy a morir."
—
Los planes de Mariana rara vez son un desastre, pero sí que dejan un desastre. Había colgado un Hula Hula del techo, atado con una soga. Del mismo gancho había enganchado otra soga, que en la otra punta estaba atada a una garrafa de gas colocada sobre la biblioteca y tapada con unos libros. El resto de los muebles del living los había corrido contra las paredes, excepto por un sillón que dejó justo al centro, casi abajo del Hula Hula.
Se pasó cinco días sentada en ese sillón, de espaldas a la puerta, mirándose al espejo que se había traído de la habitación y había instalado al frente suyo. Se la veía relajada, esperando pacientemente a que pasara lo que inevitablemente iba a pasar. Mil veces le dije que tenía que aceptarlo, pero cuando al fin la vi con cara de aceptación, me dolió muchísimo. Esos días falté al trabajo y me quedé con ella, cocinándole y ayudándola a ir al baño y bañarse. Acompañándola, mientras veía cómo la vida le iba dejando el cuerpo poco a poco. El cuerpo, pero no los ojos. Su mirada nunca perdió esa terquedad tan propia de Mariana.
—
31 de diciembre de 2004, 23:59 pm.
"Juli, creo que llegó la hora."
"Estoy acá, Mari. Siempre voy a estar acá."
"Vení, Julián. Parate al lado mío. Hablá despacito"
"Pará. ¿Escuchaste ese golpe Mari?"
"Al lado parate, Julián. Si te me parás al frente no me dejás ver. Y no grites, por favor. Hablá despacio."
"Mari, pará, creo que hay alguien queriendo entrar a la casa."
"Julián, escuchame, y escuchame bien. Necesito que me hagas caso, te quedes parado al lado mío, no hables fuerte, y no mires hacia la puerta."
"Pero, Mari"
"Juli, te lo pido como último deseo. Quedate acá, no hables fuerte, no mires."
"Mariana, escucho pasos. Se metió alguien."
"Vení, si querés mirar, mirá en el espejo. Pero no te des vuelta."
"Mariana, es una persona encapuchada y con un palo. Voy a llamar a la policía."
"Es una guadaña Julián, no un palo. Y no te muevas."
"A ver, dale, no me muevo. ¿Qué hago entonces?"
"Tomá, teneme la pistola, y esperá callado."
"Mariana, se está acercando."
"Sí, dale un par de pasos más."
"¿Y después le pego un tiro?"
"No. Dos pasitos más, uno, le doy un tirón a la primera soga... ¡Ahora!"
"Mariana, ¿qué querés hacer? Casi le pegás en la cabeza con el Hula Hula."
"No le quería pegar, Juli. La quería encerrar."
"¿Con un aro de plástico la querés encerrar?"
"Tiene sal adentro, Julián. Los espíritus no pueden cruzar un círculo de sal. Ahora la segunda soga. Y devolveme la pistola."
"¡Mariana, cuidado la garrafa, se está por caer!"
"No se cae, boludo. ¡La tiré yo! Ahora esperate que le pegue."
"¡Ahí está! ¡Se columpió y le pegó en el pecho!"
"Ahora le apuntamos bien, y se acabó el problema."
PUM
BUM
—
Al final Mariana tenía razón. Dijo que no se iba a morir, y no se murió. A nosotros nos costó la casa, que se terminó quemando entera, contrario a lo que había dicho Mariana. Al resto del país le costó un poquito más.
Resulta que Mariana no se murió, pero tampoco se murió nadie más. Desde esa noche, desde esa explosión a las 00 exactas del primero de enero de 2005, nadie más se murió. Gente que debía morirse, gente que estaba tan enferma o herida que no podía seguir viva, por alguna razón ya no se moría. Para Mariana estuvo buenísimo no morirse. El resto del país puede que tenga algo que objetar.
Los planes de Mariana rara vez son un desastre, pero sí que dejan un desastre.
Prólogo alternativo a la novela Las intermitencias de la muerte, de José Saramago.
Fascinante ❤
ReplyDelete