El gualicho del humor malo
"Mirá, yo me voy yendo a casa. Sos lindo, pero esos chistes pelotudos te restan un montón."
Bueno, ahí va otra, pensé. Me puse perfume y todo, pero ni así. No puede ser che, en Tinder hago match con todas, por WhatsApp se enamoran enseguida, pero hablamos media horita y se espantan. ¡Y eso que me contengo! Si les tirara todos los chistes que se me van ocurriendo las citas no durarían ni 10 minutos.
Es la maldición del humor que me dejó mi viejo. No puedo evitarlo, tiro chistes malos constantemente. El humor era cultura en casa, y todos mis hermanos lo llevan incorporado. Pero siempre el quinto varón de la familia tiene eso, esa cosa de que los chistes son todos malos, y no puede evitar decirlos. Le pasaba a mi bisabuelo, le pasaba a mi viejo, y me pasa a mí. Mi abuelo zafó, porque era el cuarto varón, pero su hermano más chico también lo sufría. Por eso mis tíos dejaron de tener hijes apenas nació el cuarto varón, para no perpetuarlo.
No sé si le diría maldición, aunque un poco lo es. A veces cuando lo explico suena divertido, pero en serio es un problema. Tengo 28, soy fachero, hago ejercicio, me visto bien y sé escuchar. Así y todo las 5 veces que estuve a punto de perder la virginidad la chica se arrepintió porque cuando nos estábamos sacando la ropa tiré un chiste muy malo. Cinco veces lo mismo. Y esas fueron las veces que tuve suerte, normalmente no pasamos de la primera cita. Maldición suena a un gualicho, y esto parece ser genético. Pero hasta que la ciencia encuentre el gen de los chistes, llamémoslo gualicho. El gualicho del humor malo.
Al menos a un jefe que tuve le caía bien. Me decía que esa facilidad para tirar chistes denotaba un intelecto privilegiado. Sólo me faltaba que los chistes fueran buenos, además de rápidos. Igual a veces hasta se reía un poquito con algún chiste, pero creo que era más por buena onda que porque le hicieran gracia.
Por suerte pude agarrar un laburo que no requiere mucha interacción con gente, así que no molesto mucho. Mis compañeros ya están acostumbrados, directamente me ignoran, y siempre que hay que hablar con algún proveedor se ocupan ellos y me dejan que yo haga el papeleo. A mi jefe buena onda lo movieron al área de ventas hace poco, y yo no puedo trabajar en ventas, por mi condición. Así que quedé acá, haciendo el papeleo de compras. Mi nueva jefa es bastante pragmática y acepta que sólo haga papeleo y no hable con proveedores. Pero sé que en el fondo piensa que soy un problema en potencia, una bomba de tiempo que en cualquier momento detona en una explosión de chistes malos.
Una vez un amigo me dijo que me meta en TikTok y vea si ahí me va bien con los chistes malos. Dice que hay gente para todo, y que a alguien en el mundo seguro le van a gustar. Le expliqué que no me sale largarlos a voluntad, que si me pedís que cuente un chiste me quedo en blanco. Tiene que ser en medio de una conversación o de alguna situación, tiene que haber un disparador que active esa parte de mi cerebro.
Un par de semanas después vino mi amigo a casa y me mostró el canal de TikTok que había hecho, con chistes que me grabó a escondidas en nuestras conversaciones. La cámara se movía y en muchas partes se me notaba la papada, pero había quedado un lindo compilado. Y mi amigo tenía razón, a alguien en el mundo le gustaban mis chistes.
Creo que el resto de la historia ya la conocen. Si no, no estarían acá. O bueno, capaz alguno vio la luz prendida y pensó que vendían comida. Si fue así, les pido disculpas, no vendemos comida acá. Aunque si hay muchos interesados me puedo poner a cocinar algo.
Desde que uso TikTok me estoy pudiendo contener mucho más. Descargo ahí mis chistes malos acumulados, y puedo pasar períodos más largos sin decir un chiste malo. ¡Casi logro terminar esta charla sin decir ni uno!
También ayudó con mi autoestima. Sé que mis chistes no son para la mayoría, pero antes creía que nunca le iba a gustar a nadie. Ahora que tengo dos millones de seguidores sé que alguien en el mundo los aprecia. De todas formas, admito y acepto que son chistes malos, pero al fin y al cabo son lo que me trajo hasta acá.
Gracias por venir a mi charla TEDx.
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